Revista Pediatría de Atención Primaria 110
M.ª Rosa Albañil Ballesteros, et al . Abordaje de la sospecha de infección urinaria. ¿Cuál es la práctica clínica en nuestro medio? Rev Pediatr Aten Primaria. 2026;28:157-70 ISSN: 1139-7632 • www.pap.es 166 En el 16% de las sospechas se instauró un trata- miento empírico sin realizar previamente UC (26% de los que finalmente no son considerados IU). En la cuarta parte de los episodios en pacientes incon- tinentes por edad en los que se consideró confir- mada la IU, el diagnóstico se basó en clínica y uro- cultivo obtenido exclusivamente por bolsa. De un diagnóstico erróneo pueden derivarse un trata- miento y unos estudios posteriores inadecuados. Ante la sospecha de IU es habitual pautar precoz- mente un tratamiento antibiótico. En nuestro estudio se prescribió en el 66,7%, cifra inferior, y es- pecialmente en las IUNC (40,7%), a otras publica- das 19 . En la mayoría de los casos (77,8%), se inició inmediatamente tras la sospecha, probablemente para evitar complicaciones derivadas de un inicio tardío, especialmente en cuadros febriles 20 . Tam- bién pudo deberse a la demora en la recepción de los resultados del urocultivo, superior a 72 horas en el 38%, y entre 48 y 72 horas en el 53,5%. Este tiem- po es menor que el reportado previamente 21 , pero aún está lejos de ser adecuado, ya que los UC nega- tivos deberían estar informados, con resultados accesibles al profesional, en 24 horas. Otro factor que pudo influir en este hecho fue que en un 18,3% de sospechas, la consulta se produjo después de 3 días de evolución y solo un 41,1% consultó en las primeras 24 horas. Aunque las recomendaciones actuales proponen acortar la duración del trata- miento en IU no complicada 5,8,22 , se han comunica- do tratamientos ≥10 días en hasta un 47,6% de ca- sos de IU 23 . En nuestro estudio se mantuvo una media superior a la recomendada, tanto en proce- sos febriles como afebriles (8,5 y 6,9 días, respecti- vamente). Esto también podría explicarse por la referida demora en la recepción de resultados. El perfil de antibióticos prescritos en nuestra serie se corresponde, en principio, con los datos de etio- logía y resistencias publicados en nuestro país 24-27 , aunque la adecuación debería analizarse en fun- ción de las resistencias locales 5 . El desabasteci- miento recurrente de cefuroxima axetilo pudo ha- ber contribuido a que el tratamiento más frecuentemente prescrito fueran cefalosporinas de tercera generación. El segundo fármaco prescrito fue fosfomicina trometamol. Del total de prescrip- ciones (empíricas y dirigidas) de fosfomicina, el 83,6% fueron en ≤12 años. Según la alerta de la Agencia Europea de Medicamentos de 2020 28 y la modificación consecuente de ficha técnica, estas prescripciones serían, actualmente, off label . En el 34% de los episodios tratados con fosfomicina tro- metamol se pautaron 2 dosis, pese a que las reco- mendaciones establecen una sola dosis; es decir, se produjo sobretratamiento. Señalamos que en cuatro casos, aun considerando IU, no se prescribió tratamiento, con el consiguien- te riesgo de progresión clínica y/o complicaciones. No se prescribió nitrofurantoína en varones, con- forme a ficha técnica; no obstante, en un caso se utilizó como profilaxis, fuera de indicación. En nuestro estudio, la mayoría de los episodios se manejaron ambulatoriamente, ingresando el 9,3%, más frecuentemente (15,1%) en el grupo fi- nalmente considerado como IU. Se han descrito tasas de ingreso del 27%, hasta del 89% para me- nores de 2 meses y del 15% para los de 2 a 24 me- ses, y con variación interhospitalaria del 6% al 64% 29 . Se derivó a consultas hospitalarias al 8%, cifra inferior a los que ya estaban en seguimiento en el grupo total, 2% en el grupo de IUNC y 13% en el de IUC. Estas cifras podrían estar en relación con la falta de acceso a determinados estudios desde AP. Estaban previamente en seguimiento el 9,2%, 4,7% y 13%, respectivamente. Actualmente no se recomienda realizar UC de con- trol en los casos con evolución favorable 16 . En nuestro estudio, se solicitó en algo menos del 20% en el grupo de sospechas y casi en el 30% de IUC, a pesar de que en este grupo el profesional conside- ró buena evolución en el 94% de los casos. Esta práctica podría conducir al sobrediagnóstico de nuevos episodios de IU con mayor intervencionis- mo, gasto sanitario y potencial yatrogenia. Tras una IU, pueden indicarse estudios de imagen para detectar anomalías estructurales predispo- nentes y/o complicaciones o secuelas de IU, aun- que no siempre existe evidencia de que sus hallaz- gos modifiquen la evolución clínica 5 . Actualmente,
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