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Cine y Pediatría 8
Artículo sin valoraciones

Vol. 21 - Num. 83

Grupo PrevInfad/PAPPS Infancia y Adolescencia

Promoción de la actividad física en la infancia y la adolescencia (parte 1)

Francisco Javier Sánchez Ruiz-Cabelloa, Ana M.ª Campos Martínezb, Marina de la Vega de Carranzac, Olga Cortés Ricod, M.ª Jesús Esparza Olcinae, José Galbe Sánchez-Venturaf, Ana Gallego Iborrag, Jaime García Aguadoh, Carmen Rosa Pallás Alonsoi, Álvaro Rando Diegoj, M.ª José San Miguel Muñozk, Julia Colomer Revueltal, José M.ª Mengual Gilm

aPediatra. CS Zaidín Sur. Granada. España.
bServicio de Pediatría. Hospital de Motril. Granada. España.
cMIR-Pediatría. Hospital Materno-Infantil Virgen de las Nieves. Granada. España.
dPediatra. CS Canillejas. Madrid. España.
ePediatra. CS Barcelona. Móstoles. Madrid. España.
fPediatra. CS Torrero La Paz. Zaragoza. España.
gPediatra. CS Trinidad. Málaga. España.
hPediatra. CS Villablanca. Madrid. España.
iServicio de Neonatología. Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid. España.
jPediatra. CS Mejorada del Campo. Velilla de San Antonio. Madrid. España.
kPediatra. CS Fuensanta. Valencia. España.
lDepartamento de Pediatría, Obstetricia y Ginecología. Unidad de Pediatría. Universidad de Valencia. Valencia. España.
mPediatra. CS Delicias Sur. Zaragoza. España (coordinador).

Correspondencia: FJ Sánchez. Correo electrónico: jsanchezrc@gmail.com

Cómo citar este artículo: Sánchez Ruiz-Cabello FJ, Campos Martínez AM, de la Vega de Carranza M, Cortés Rico O, Esparza Olcina MJ, Galbe Sánchez-Ventura J, et al. Promoción de la actividad física en la infancia y la adolescencia (parte 1). Rev Pediatr Aten Primaria. 2019;21:279-91.

Publicado en Internet: 09-09-2019 - Número de visitas: 1512

Resumen

La actualización sobre las actividades de promoción de la actividad física en la infancia y adolescencia se aborda en dos partes. En la primera se analizan los beneficios en salud y los posibles riesgos de la actividad física. En la segunda se valora la evidencia sobre la eficacia de las intervenciones dirigidas a la promoción de la actividad física y disminución del sedentarismo en la edad pediátrica. El grupo PrevInfad sugiere hacer intervenciones dirigidas a la promoción de la actividad física o a la disminución del sedentarismo tanto en Atención Primaria como en el entorno escolar o comunitario.

Palabras clave

Actividad física Adolescencia Ejercicio Infancia Intervenciones Promoción Recomendaciones Sedentarismo

INTRODUCCIÓN

La actividad física (AF) se ha utilizado con éxito para la prevención y tratamiento de la obesidad, la hipertensión y otras enfermedades crónicas. Asimismo, el hábito de vida sedentaria se ha relacionado con enfermedades de gran morbimortalidad en la edad adulta (hipertensión, diabetes y arteriopatía coronaria, entre otras).

En 2016, la Organización Mundial de la Salud (OMS) subrayó que la prevención mediante la promoción de AF y una dieta saludable debería ser competencia fundamental de la Atención Primaria (AP) y planteó qué cambios harían falta en los sistemas de salud para implantar tales servicios desde la AP1.

Asimismo, la OMS2,3 indica que hay evidencia de que la promoción de una dieta saludable y la AF son coste-efectivos en la reducción de peso, aunque también recalca que la implementación de este servicio rutinario desde AP es un reto. Recomienda practicar un mínimo de 150 minutos de AF moderada a la semana o 75 minutos semanales de AF intensa en adultos, además de actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días en semana. También aconseja que los niños de 5 a 17 años realicen al menos una hora de AF diaria moderada o intensa.

Las recomendaciones nacionales sobre la promoción de la AF y reducción del sedentarismo coinciden con las existentes a nivel internacional, aunque adaptadas a la realidad poblacional de nuestro entorno4.

Ser activo físicamente durante la infancia y adolescencia no solo es importante para la salud de ese periodo vital, sino también para mantener una buena salud durante todo el curso de la vida. La práctica de AF en la infancia hará que los niños y niñas se sientan competentes en sus habilidades físicas y, probablemente, hará que sean más activos durante la edad adulta.

En los últimos años ha habido un crecimiento considerable en la investigación sobre los beneficios de la actividad física en la edad infantil, y aunque existen riesgos asociados con el ejercicio, todas las revisiones, guías y sociedades científicas aceptan que los beneficios superan ampliamente a los riesgos2,4–7. Numerosos estudios de observación y un pequeño número de estudios experimentales indican que la actividad física regular es valiosa por aportar beneficios para la salud en niños y adolescentes. Recientes estudios epidemiológicos a gran escala, utilizando medidas válidas de la actividad física, han demostrado asociaciones más fuertes de lo que había sido observado previamente, y han ayudado a aclarar la relación dosis-respuesta entre la actividad física y los resultados de salud específicos8–13.

Los beneficios de la AF, sus riesgos potenciales y las intervenciones para mejorar un nivel óptimo en niños y adolescentes serán revisados ampliamente en este documento.

MAGNITUD DEL PROBLEMA

La OMS estima que 1,9 millones de muertes en todo el mundo son atribuibles a la inactividad física y al menos 2,6 millones de muertes son el resultado del sobrepeso o la obesidad. Además, estima que la inactividad física causa del 10 al 16% de los casos de cáncer de mama, de colon y recto, así como un incremento en el número de casos diabetes tipo 2 y de enfermedad coronaria1.

En 2005 Aranceta publica un trabajo sobre epidemiología y factores determinantes de la obesidad infantil y juvenil en España14. Teniendo en cuenta el tiempo medio global diario dedicado al desempeño de actividades sedentarias (estudio, televisión, ordenador y videojuegos), la prevalencia de obesidad fue más elevada entre los chicos que dedicaban mayor tiempo a este tipo de actividades en comparación con los que dedicaban menos tiempo (odds ratio [OR]: 1,23; intervalo de confianza del 95% [IC 95]: 1,22 a 1,24). La prevalencia de obesidad entre los chicos que no practicaban ningún deporte habitualmente fue más elevada en comparación con los que sí tenían este hábito, especialmente entre los chicos que practicaban actividades deportivas tres veces a la semana.

En EE. UU., la mayoría de los niños cumplen las recomendaciones de AF a los nueve años, sin embargo, a los 15 años solo el 32% cumple las directrices en días laborables y el 18% en fines de semana; de acuerdo con la encuesta nacional de nutrición y AF, solo el 15% de los estudiantes de secundaria participan en más de una hora de AF aeróbica al día. La reducción de los niveles de AF en la adolescencia puede predecir una reducción secundaria de los niveles de AF en la edad adulta, lo que corrobora sus implicaciones potenciales para la salud a largo plazo15,16.

En 2017, en un estudio sobre 306 niños y niñas aragoneses de 7 años, el porcentaje que cumplían las recomendaciones de la OMS (niños activos) era del 72% en niños y 41% en niñas17. La Fundación para la Investigación Nutricional, en su informe de 2016, aporta datos sobre la prevalencia de la AF de los niños y adolescentes en España. El informe concluye que la mitad de la población estudiada no llega al cumplimiento de las recomendaciones sobre AF18.

MARCO ANALÍTICO. FORMULACIÓN DE PREGUNTAS ESTRUCTURADAS

Marco teórico adaptado con autorización (Fig. 1)19,20.

Figura 1. Marco teórico adaptado con autorización19,20
Figura 1. Marco teórico adaptado con autorización

  1. ¿La AF adecuada mejora los beneficios en salud o reduce la morbimortalidad?
  2. ¿Cuál es la relación entre AF adecuada y beneficios en salud?
  3. ¿El aumento de la AF origina otros beneficios?
  4. ¿Cuáles son los daños potenciales del aumento de la AF?
  5. ¿El consejo sobre AF aumenta los niveles de AF en la infancia?
  6. ¿El consejo sobre AF ocasiona mejoras en salud o reduce morbimortalidad?
  7. ¿El consejo sobre AF tiene efectos adversos?

PREGUNTAS

  1. ¿La AF adecuada mejora los beneficios en salud o reduce la morbimortalidad?
  2. ¿Cuál es la relación entre AF adecuada y beneficios en salud?
  3. ¿El aumento de la AF origina otros beneficios?

Beneficios de la actividad física

Mortalidad

La mayoría de los datos sobre los beneficios del ejercicio provienen de ensayos de observación y sugieren que el ejercicio regular reduce el riesgo de mortalidad por cualquier causa en hombres y mujeres, tanto en las poblaciones más jóvenes como en las mayores21. También se ha mostrado beneficioso para el tratamiento de numerosas enfermedades crónicas en población adulta22.

En 2014 un metaanálisis de estudios de cohorte en atletas encontró que la razón de mortalidad estandarizada por todas las causas fue menor en los atletas que en población general: 0,67 (IC 95: 0,55 a 0,81; p <0,001)23.

Enfermedades cardiovasculares

Un número de estudios considerable ha demostrado una fuerte relación inversa entre el ejercicio habitual y el riesgo de enfermedad coronaria, eventos cardiacos y muerte cardiovascular, tanto en prevención primaria como secundaria14. Al disminuir la mortalidad de origen cardiovascular, el cálculo de la expectativa de vida en la infancia es mayor24. También hay evidencias de que el ejercicio puede reducir el riesgo de accidente cerebrovascular25,26.

Capacidad aeróbica y desarrollo osteomuscular

En la infancia hay evidencias en estudios observacionales y experimentales de que el ejercicio físico aumenta la capacidad aeróbica, el desarrollo muscular2,13,27-29 y la densidad ósea30-34.

Beneficios psicosociales y cognitivos

Numerosos trabajos y revisiones sistemáticas (a pesar de que la fuerza de la evidencia que apoya estos hallazgos es variable) identifican estos beneficios de la actividad física regular en los niños en edad escolar. Hay evidencias de que ayuda a mejorar las variables de bienestar psicosocial y autoestima13,27,35-38.

En diversos trabajos de investigación, la AF se ha relacionado con una mejora de las habilidades motoras y cognitivas39-42, y en preescolares hay asociación positiva entre la AF vigorosa y el desarrollo motor y cognitivo, e inversa con el sedentarismo43,44. Incluso hay trabajos en los que la AF mejora la estructura y función cerebral45,46. Un metaanálisis47 relaciona la AF y el desarrollo cognitivo, incluyendo percepción motora, inteligencia, notas académicas, lectura, test matemáticos y verbales en escolares de 4-18 años. En cambio, a pesar de que algunos trabajos relacionan la AF con mejores puntuaciones académicas y lectura48-50, otros estudios no encuentran relación51,52.

En 2014 la colaboración Cochrane realizó una revisión53 sobre cómo la intervención sobre el estilo de vida mejora el rendimiento escolar y la conclusión fue que, aunque la AF tiene efectos positivos sobre el comportamiento, la magnitud del efecto es pequeña, así que, a pesar del gran número de ensayos, falta evidencia sobre su impacto en el rendimiento escolar y las habilidades cognitivas. Los estudios existentes presentan una serie de problemas metodológicos que afectan a la calidad de la evidencia. Las intervenciones multicomponente dirigidas a promover la AF y una dieta saludable podrían beneficiar al rendimiento escolar general, mientras que una intervención sobre la AF dirigida a controlar el peso infantil podría beneficiar al rendimiento matemático, la función ejecutiva y la memoria de trabajo. Aunque los efectos son pequeños, un gran número de niños y adolescentes podrían beneficiarse de estas intervenciones. Por lo tanto, concluyen que los responsables de las políticas de salud deberían considerar estos beneficios potenciales adicionales cuando promueven la AF y la alimentación saludable en las escuelas.

Síndrome metabólico y factores de riesgo cardiovasculares

En población infantil, hay evidencias suficientes en revisiones sistemáticas que incluyen estudios experimentales13,27,32,34 y otros trabajos54-63 que apoyan la asociación entre AF y disminución de los factores de riesgo cardiovascular, como la disminución de la adiposidad, la reducción de los niveles de colesterol o triglicéridos en los jóvenes con colesterol alto o la reducción de la presión arterial en los jóvenes con hipertensión esencial leve60-64.

En 2017, en un estudio observacional con niños de siete años en España, se comprobó que existía una correlación inversa entre la AF de moderada a vigorosa y el porcentaje de masa grasa en las niñas y en los niños y una correlación directa entre la AF moderada a vigorosa y la masa ósea, la densidad ósea y la masa muscular (p <0,05)17.

Asimismo, la OMS concluye2 que hay suficiente evidencia en estudios observacionales y en trabajos experimentales que indican que la AF está relacionada positivamente con parámetros de salud cardiorrespiratoria y metabólica en niños y jóvenes. Al comparar los niños y jóvenes inactivos con los que hacen ejercicio, se observa que los últimos presentan menor grasa corporal y un perfil de riesgo de enfermedad cardiovascular y metabólica más favorable.

El grupo U.S. Preventive Services Task Force ha publicado en 201755 una nueva revisión sobre beneficios y daños de las intervenciones para el control de peso que se analiza en el tema prevención de la obesidad y sobrepeso.

Obesidad y control del peso

En los niños en edad escolar hay revisiones sistemáticas y estudios experimentales y observacionales que muestran una relación entre AF y reducción de la adiposidad en los jóvenes con sobrepeso4,13,27,55,59-61, si bien la gran mayoría de intervenciones se hicieron conjuntamente con dieta, AF y estilo de vida55. Remitimos al tema prevención de la obesidad y sobrepeso y al apartado de intervenciones en este documento.

Otros beneficios

En población infantil, estudios observacionales han documentado asociaciones entre la AF y la prevención de asma, miopía, déficit vitamina D y trastorno por déficit de atención e hiperactividad65.

Beneficios de la disminución del sedentarismo

El sedentarismo se asocia a una mayor mortalidad en población adulta6,28. Aunque falta investigación sobre las consecuencias para la salud en niños, hay evidencia reciente de que la conducta sedentaria (medida como tiempo de pantalla y tiempo acumulado de actividades sedentarias) en los primeros años de edad se asocia con el sobrepeso y la obesidad, así como con un desarrollo cognitivo inferior7. Estos datos sugieren que los periodos prolongados de sedentarismo son un factor de riesgo independiente de mala salud.

Es importante destacar que los patrones del comportamiento sedentario, sobre todo ver la televisión, son relativamente estables en el tiempo. Por lo tanto, hay una necesidad de establecer patrones de conducta saludables durante los primeros años con el fin de protegerse contra posibles perjuicios para la salud en el futuro11,66,67.

Las intervenciones sobre el comportamiento sedentario se analizan en el apartado correspondiente (intervenciones).

Sin embargo, los datos disponibles no son suficientes para sugerir un límite de tiempo. Así que, sobre la base de la evidencia actual, reducir el tiempo de sedentarismo total y televisión sería recomendable, pero el tiempo exacto solo se puede precisar en base a opiniones de expertos.

Niveles adecuados de AF para aportar beneficios en salud: evidencias sobre tipo, cantidad e intensidad

La OMS y la mayoría de las guías recomiendan que los niños en edad escolar participen en al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad de moderada a vigorosa, adecuada a la edad y el desarrollo, y agradable2,4-7. La AF debe incluir actividades que fortalecen los músculos y los huesos al menos tres días por semana34,68. Vamos a considerar el tipo de ejercicio, la intensidad, la frecuencia, y la cantidad recomendadas actualmente.

Características de la AF

Las recomendaciones se basan en la opinión de los expertos2,4-7.

  • Para niños menores de cinco años, la actividad física debe fomentarse desde el nacimiento, sobre todo a través del juego en el suelo y actividades en el agua en ambientes seguros6. Existe abundante opinión de expertos de fuentes internacionales que apoyan que dejar que los niños se arrastren, jueguen y rueden por el suelo en el entorno del hogar y durante el cuidado de ellos es esencial durante los primeros años, sobre todo para los que todavía no pueden caminar. Estas actividades son seguras, accesibles a todos y permiten un movimiento ilimitado. Las actividades en el agua son adecuadas y también ofrecen valiosas oportunidades para construir lazos sociales y emocionales con los padres, hermanos y otros niños.
  • En escolares y adolescentes, la actividad se puede producir en el contexto del juego, deporte, trabajo, transporte, educación física o el ejercicio planeado. Un ejemplo de AF moderada sería caminar a paso ligero; y algunos ejemplos de AF vigorosa incluyen saltar la cuerda, correr o practicar deportes como el fútbol, el baloncesto y el hockey. Dentro de la hora diaria de AF de moderada a vigorosa se pueden incluir actividades de fortalecimiento muscular (por ejemplo, abdominales, actividades de cuerdas, levantamiento de pesas, el uso de bandas de resistencia) y actividades para fortalecer los huesos (por ejemplo, saltar la cuerda, correr, saltar), que se recomiendan tres días por semana2.

Entrenamiento de resistencia (fuerza)

En la población infantil, la mayoría de los parámetros de salud, incluyendo el peso y la salud cardiometabólica, son principalmente sensibles a actividades de tipo aeróbico7. Sin embargo, la salud ósea parece estar más favorablemente afectada por el entrenamiento de resistencia y otras actividades de alto impacto. Por eso la dosis óptima de actividad requerida para beneficiar la salud ósea puede ser mayor de la que está recomendada34,69. Para reflejar estos avances en el conocimiento, las nuevas directrices (basadas en opinión de expertos) recomiendan que las actividades que fortalecen los músculos y huesos deben ser incorporadas al menos tres días por semana70.

Intensidad y frecuencia de la AF

No hay evidencias sobre la intensidad de la AF para los primeros años, las recomendaciones que existen se refieren a la actividad de cualquier intensidad, es decir, leve, moderada o vigorosa7.

En niños escolares y adolescentes7 existen revisiones de la literatura médica que indican que, para mejorar algunos resultados de salud como la capacidad cardiorrespiratoria o la fuerza muscular y ósea, es necesario incorporar actividad física de intensidad vigorosa13,34,69,70. Así pues, en población escolar y adolescentes hay evidencias de que unos mayores niveles de AF se relacionan positivamente con una mejor salud metabólica y desarrollo muscular34,69,70, así como con un mejor desarrollo cognitivo y emocional71.

Para actividad de baja intensidad11 se necesita más investigación para explorar su impacto en la salud de los niños y jóvenes.

En 2010 Jannsen y Leblanc13 realizaron una revisión sistemática para analizar los beneficios de la AF sobre algunos indicadores de salud en escolares y jóvenes. La revisión incluye trabajos observacionales y ensayos clínicos, de un total de 11 088 artículos se incluyeron 113. Los programas de intervención tuvieron duraciones que oscilaron de un mes a dos años, con una periodicidad de 2 a 3,5 horas por semana y una duración promedio de 17 a 30 minutos de AF diaria. La revisión se centró en siete indicadores de salud: colesterol, presión arterial, síndrome metabólico, obesidad, densidad ósea, depresión y lesiones, cuyos resultados se describen a continuación.

  • Colesterol y lípidos: se revisaron ocho trabajos experimentales, seis de ellos aleatorizados, en cinco de los cuales se analizó el ejercicio aeróbico aislado. El tamaño del efecto para el ejercicio aeróbico fue de -3,03 (IC 95: -3,22 a -2,84) para los triglicéridos y de 0,26 (IC 95: 0,03 a 0,49) para el colesterol-HDL. El resto de los trabajos experimentales analizaron intervenciones basadas en ejercicios de fuerza o resistencia, con resultados menos claros, aunque indicando mayores beneficios en grupos de jóvenes de alto riesgo. Se revisó además un amplio estudio observacional en el que el grupo de baja actividad física tenía mayores niveles de colesterol total y menores de colesterol-HDL.
  • Presión arterial: se revisaron ocho trabajos experimentales, cuatro de ellos aleatorizados. La práctica de ejercicio aeróbico aislado demostró una reducción significativa de la tensión arterial sistólica, con un tamaño de efecto de -1,39 (IC 95: -2,53 a -0,24), así como diastólica -0,39 (IC 95: -1,72 a 0,93). Además, dos trabajos analizaron la respuesta al ejercicio anaeróbico con tamaño de efecto de -0,61 (IC 95: -2,27 a 1,05) para la tensión sistólica y de -0,51 (IC 95: -2,18 a 1,06) para la diastólica. Se revisaron otros tres estudios observaciones en los que se apreció una reducción de la tensión arterial, aunque fueron débiles en magnitud (OR <1,5).
  • Síndrome metabólico: se revisaron ocho trabajos experimentales, cinco de ellos aleatorizados, en los que se evaluó el cambio del nivel de insulina en ayunas y la resistencia a la insulina en respuesta a la actividad física. En todos excepto en uno de los estudios la muestra estaba formada por individuos con obesidad o sobrepeso. La mitad de los estudios se centraron en la AF aeróbica aislada y en todos ellos se obtuvieron mejoras significativas en al menos una de las variables de la insulina examinadas. La otra mitad evaluó el ejercicio anaeróbico y solo en uno de ellos no se observó ninguna mejora significativa. El sumatorio del tamaño de efecto de todos los trabajos, con un IC 95, fue de -0,60 (-1,71 a 0,50) para el nivel de insulina en ayunas y de -0,31 (-0,82 a 0,19) para la resistencia a insulina. Se revisaron además ocho estudios observacionales con muestras amplias y heterogéneas, siendo bastante generalizables a la población general. Cinco de ellos emplearon medidas objetivas de la AF, demostrando una relación fuerte y significativa con el síndrome metabólico, con una OR de 6,79 (IC 95: 5,11 a 9,03) entre el grupo menos y más entrenado.
  • Obesidad y sobrepeso: se revisaron 24 estudios experimentales, 17 de ellos aleatorizados. La mitad de los estudios que evaluaron la AF aeróbica aislada obtuvieron mejoras significativas en el índice de masa corporal (IMC) y en la grasa total o abdominal, siendo el sumatorio del tamaño de efecto de todos ellos de -0,07 (IC 95: -0,89 a 0,75) para el IMC y de -0,40 (IC 95: -1,10 a 0,31) para la grasa total. Diecisiete estudios evaluaron el entrenamiento anaeróbico, obteniendo solo en tres de ellos mejoras significativas, con un sumatorio del tamaño de efecto de todos ellos de -0,19 (IC 95: -1,55 a 1,18) para la grasa total. Además, se revisaron 31 estudios observacionales amplios (24 transversales, tres de cohortes prospectivos, dos de casos y controles y uno mixto), con un sumatorio de la mediana de OR de 1,33, comparando el grupo menos activo con el más activo. En los estudios en los que se valoraba actividad física moderada-intensa, los resultados fueron más consistentes y mostraban una relación más fuerte con la obesidad.
  • Densidad ósea: se revisaron 11 estudios experimentales en los que se demostraba que realizar al menos 10 minutos de actividad de fuerza de intensidad de moderada a alta puede tener efectos moderados sobre la densidad mineral ósea, cuando se practica al menos dos o tres días a la semana.
  • Depresión: se revisaron tres estudios observacionales y tres estudios experimentales aleatorizados en los que se observó mejora significativa en al menos un síntoma depresivo, aunque el tamaño de efecto fue de pequeño a moderado, con un amplio intervalo de confianza.
  • Lesiones: solo hubo tres estudios observacionales de baja calidad que asocian la AF con el riesgo de lesiones y ninguno experimental. Además, informan de que, casi sin excepción, los ensayos clínicos incluidos en la revisión no notificaron efectos adversos como, por ejemplo, lesiones musculoesqueléticas, para las intervenciones de actividad física.

La revisión sistemática, además de documentar los beneficios de la AF, estudió también la dosis respuesta, resultando ser la AF aeróbica la que obtuvo las mayores mejoras en salud. En conjunto, los estudios concluyen que cantidades moderadas de AF pueden aportar beneficios, sobre todo en niños con factores de riesgo como el sobrepeso. Para alcanzar beneficios sustanciosos, la AF debe ser al menos de intensidad moderada, aunque si es vigorosa aportará más beneficios. La actividad aeróbica aporta los máximos beneficios en general, mientras que para los huesos es necesaria la AF con ejercicios de alto impacto. Por todo ello, se recomendó que en niños de 5 a 17 años la AF fuera de al menos una hora diaria y al menos de intensidad moderada (nivel 2, grado A). La AF vigorosa con fuerza debería ser añadida (nivel 3 grado B) a la actividad aerobia mayoritaria al menos 3 días a la semana.

Cantidad y tiempo

  • En preescolares que son capaces de caminar, se recomienda que tengan actividad física todos los días durante al menos ciento ochenta minutos distribuidos a lo largo del día7. Estas recomendaciones están basadas en la opinión de expertos y se apoyan en la asociación entre patrones de actividad durante los primeros años y los cambios en los patrones en edades posteriores10,11,34,69,72-74. Hay estudios de seguimiento11,74 que apoyan una asociación entre los niveles más altos de actividad en la infancia y el mantenimiento sostenido de la actividad física en años posteriores. Por lo tanto, es importante establecer un alto nivel de actividad desde la edad más temprana con el fin de fomentar patrones de AF más tarde en la infancia, que sean suficientes para beneficiar la salud.
  • En población escolar y adolescentes se recomienda la participación en una hora de AF diaria2,13,68 además de las actividades de todos los días.

La base de la evidencia está creciendo rápidamente ya que se están realizando estudios epidemiológicos a gran escala que utilizan medidas válidas de la actividad física y que están ayudando a aclarar la relación dosis-respuesta entre la actividad y mejora de algunos parámetros de salud específicos10,13,55-58,69,74.

Sin embargo, hay una falta de pruebas con respecto a los beneficios para la salud asociados con duraciones específicas de actividad vigorosa. Por lo tanto, no se puede proporcionar en la actualidad una recomendación basada en la evidencia para la duración de las sesiones individuales de actividad de intensidad vigorosa para los niños y los jóvenes.

La distribución semanal de la AF asociada con un beneficio para la salud óptima es actualmente desconocida13. Sin embargo, algunos de los beneficios para la salud se asocian con el resultado de las respuestas agudas de la AF que se producen durante un máximo de 24-48 horas después de la actividad. A fin de reflejar esta evidencia, así como fomentar los hábitos de actividad regulares a través de la semana, se recomienda que los niños y los jóvenes realicen AF diaria.

Las actividades intensas, incluyendo aquellas que fortalecen los músculos y huesos, se deben incorporar al menos tres días a la semana (ver apartado de recomendaciones).

PREGUNTAS

¿Cuáles son los daños potenciales del aumento de AF?

El análisis de los daños potenciales asociados a las intervenciones está descrito en el capítulo de intervenciones y son prácticamente inexistentes.

Entre los riesgos más frecuentes asociados a la AF se encuentran las lesiones musculoesqueléticas. También existen riesgos más graves, pero son poco comunes, como las arritmias y la muerte súbita.

Lesiones musculoesqueléticas

Hay estudios solo de tipo observacional y de baja calidad que asocian las lesiones musculoesqueléticas con la AF, aumentando su frecuencia a mayor nivel de actividad13. El tipo de lesiones musculoesqueléticas más frecuentes son la inflamación muscular, las fracturas por estrés, las fracturas traumáticas, las tendinitis, las bursitis y las parálisis de ciertos nervios75,76. Estas lesiones son muy variables y dependen de la edad del niño, el tipo de AF realizada o su intensidad. Las personas que no realizan ejercicio son más propensas a presentar lesiones graves cuando lo realizan que las que lo practican de forma habitual77.

Riesgos cardiovasculares

La muerte súbita cardiaca es rara, pero puede ocurrir durante la AF y el riesgo está aumentado tanto en hombres como en mujeres.

Las personas que practican actividad física intensa presentan una incidencia mayor de muerte súbita que las no deportistas: 1,6 muertes cada 100 000 personas frente a 0,75 muertes cada 100 00078,79. En menores de 35 años el riesgo es excepcional: 1 por cada 200 000 personas al año. Sin embargo, en mayores de 35 años el riesgo es mucho más elevado: 1 por cada 18 000 personas. Además, existe un aumento del riesgo de arritmias durante el ejercicio en pacientes con enfermedad cardiaca subyacente (miocarditis y miocardiopatía hipertrófica especialmente) o antecedentes de arritmia.

Trastornos hidroelectrolíticos

Se han descrito trastornos hidroelectrolíticos asociados al deporte80, entre los que se encuentran el golpe de calor, la hipertermia, la hipotermia y la deshidratación81.

Trastornos de alimentación

Los trastornos de alimentación asociados a la AF son principalmente la anorexia nerviosa y la anemia ferropénica80.

Rabdomiólisis

La rabdomiólisis es consecuencia de una rotura de fibras musculares durante la realización de ejercicio físico intenso cuando el suministro de energía a los músculos es insuficiente. Su aparición puede derivar en mioglobinemia, mioglobinuria y aumento de la creatinfosfokinasa en sangre. Existen complicaciones graves derivadas de la rabdomiólisis, como son la insuficiencia renal, las alteraciones de electrolitos o el síndrome compartimental82.

Además, existen factores de riesgo para su producción como la falta de entrenamiento, un ambiente húmedo y caliente, la toma de medicamentos anticolinérgicos o ciertas alteraciones electrolíticas o metabólicas propias del individuo que realiza el ejercicio83.

Alteraciones psicológicas

Las alteraciones psicológicas están generalmente ligadas al exceso de estrés en la competición deportiva. Para su prevención, los expertos opinan que los programas deportivos se deben ajustar a los niños, tratando de mantener un nivel adecuado de competencia que evite el estrés por la desigualdad80.

Broncoconstricción

El ejercicio físico puede inducir broncoconstricción, especialmente en los pacientes con asma84. La magnitud de la broncoconstricción se corresponde con el grado de hiperreactividad de las vías respiratorias. El ejercicio regular, a largo plazo, puede ser útil en la prevención de la broncoconstricción inducida por el ejercicio.

RECOMENDACIONES DE PREVINFAD

  • Se sugiere hacer intervenciones dirigidas a la promoción de la actividad física y disminución del sedentarismo en el entorno escolar y comunitario (débil a favor).
  • Se sugiere hacer consejo en Atención Primaria dirigido a la promoción de la actividad física y disminución del sedentarismo (débil a favor).

CONFLICTO DE INTERESES

Los autores declaran no presentar conflictos de intereses en relación con la preparación y publicación de este artículo.

ABREVIATURAS

AF: actividad física · AP: Atención Primaria · IC 95: intervalo de confianza del 95% · IMC: índice de masa corporal · OMS: Organización Mundial de la Salud · OR: odds ratio.

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