Revista Pediatría de Atención Primaria 111

Carta al director Oídos que escuchan, palabras que hieren: la responsabilidad de lo que decimos en la consulta Filippo Fiorita Pediatra. CS Algorta. Vizcaya. España. Recibido: 23-marzo-2026 Aceptado: 4-junio-2026 Publicado en Internet: 23-septiembre-2026 Filippo Fiorita: filippomaria.fiorita@osakidetza.eus Rev Pediatr Aten Primaria. 2026;28:417-8 ISSN: 1139-7632 • www.pap.es 417 Cómo citar este artículo: Fiorita F. Oídos que escuchan, palabras que hieren: la responsabilidad de lo que decimos en la consulta. Rev Pediatr Aten Primaria. 2026;28:417-8. https://doi.org/10.60147/0e143c3b Sra. Directora: En la consulta solemos hablar con las familias so- bre aspectos de la vida que trascienden el campo puramente médico. Y lo hacemos desde una posi- ción de poder, por lo que el impacto de lo que deci- mos puede tener consecuencias mayores de lo que nos esperamos. Es frecuente que demos por hecho algún detalle que puede chocar con la realidad de las personas que tenemos delante. Cuando le preguntamos a Unai de qué equipo de fútbol es, asumimos que le gusta el fútbol por el mero hecho de ser chico; sin embargo, Unai lo odia porque le toman el pelo por no saber jugar y con nuestra pregunta se siente in- cómodo e inadecuado. Cuando felicitamos a Ane por cuidar tan bien de su muñeca, reforzamos otro estereotipo de género por el que unamujer es bue- na en cuanto cuidadora; y cuando en la revisión con su hermana mayor indagamos sobre un posi- ble novio, establecemos la heterosexualidad como lo normal, excluyendo y deslegitimando otras rea- lidades posibles. Cuando le preguntamos a la abuela de Isabella si también la madre está con gastroenteritis, nos imaginamos una familia convencional, olvidando que Isabella lleva un año sin ver a su madre porque se ha quedado a vivir en otro país. También puede suceder que una palabra descuida- da sea percibida como un juicio o una condena. Durante la residencia aprendemos a diagnosticar y tratar cuadros, como la obesidad o la talla baja, pero ningún programa formativo enseña cómo ha- cerlo de una forma respetuosa. Para hablar del peso o la talla usamos adjetivos que se refieren di- rectamente a la persona (“bajito”, “gordita”…). Nuestros/as pacientes están en pleno desarrollo de su identidad y con nuestras palabras podemos contribuir a que perciban su cuerpo como el pro- blema y que su autoimagen sea negativa. Las con- secuencias que se pueden generar (baja autoesti- ma, culpabilidad, trastornos de conducta alimentaria) son peores que la enfermedad inicial. En otras ocasiones es la madre o el padre los que empiezan a hablar de algo delicado bajando el tono de voz o escondiéndose detrás de la espalda de su hijo/a, como si así no le pudiera escuchar. “El abuelo tiene cáncer”. Ymientras el adulto busca con la mirada nuestra complicidad, el niño/a

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