Vol. 28 - Num. 109

Leído. Libros, revistas e Internet

Los incomprendidos

Carmen Martínez Gonzáleza

aPediatra de Atención Primaria. Madrid. España.

Correspondencia: C Martínez. Correo electrónico: carmendiri@gmail.com

Publicado en Internet: 09-03-2026 - Número de visitas: 249

  • Simón P. Los incomprendidos. Espasa; 2022. ISBN 978-84-670-6437-7

Los incomprendidos es la segunda novela de la Trilogía de la Familia del escritor Pedro Simón (Madrid, 1971), galardonado con el Premio Primavera de Novela en 2021 por Los ingratos.

Puede leerse como la psicobiografía de una familia convencional de clase media madrileña que aspira a progresar, a cambiar de barrio y a ser felices con sus hijos Roberto e Inés, como tantas familias en los años de la infancia. Javier es escritor, repara vidas ficticias en los libros. Celia es médico, salva vidas reales en el hospital.

La novela se articula en capítulos narrados de forma alterna por Javier e Inés, la hija adolescente. Fluye con un estilo peculiar y atractivo de monólogos en torno a hechos y recuerdos de un pasado que ambos querrían modificar o reinterpretar, y de un presente que cambia radicalmente tras una excursión familiar a los Pirineos. A partir de este momento la estampa familiar se quiebra por un suceso traumático e irreversible y por la tormentosa adolescencia de Inés, desbordada en cuerpo y alma. El acontecimiento sumerge a todos durante años en intensos sentimientos de culpa, tan estériles como inevitables. La adolescencia de Inés desencadena un clima de silencio, incomunicación e incomprensión que contamina la convivencia familiar y amenaza los vínculos afectivos.

En el entorno familiar hay un personaje clave, como lo fue “la Eme” en Los ingratos: la tía Clara. Clarísima, deslenguada, afectuosa y entrañable, es un sostén emocional y una auténtica tutora de resiliencia para “Inés del alma mía”, como la llama. También, y no menos importante, el cuerpo cálido al que abrazarse para reír o llorar, un contrapunto de luz en medio de la oscuridad.

La novela gira en torno a la culpa —“esa cosa viscosa que nos cuesta mucho quitar de la piel”, en palabras del autor— y a la incomprensión. Aunque responder a quiénes son, en realidad, los incomprendidos, queda en manos del lector.

Pero la obra no se instala en la herida, también habla de esperanza, de la capacidad de salir del abismo y de reconstruir los afectos rompiendo los silencios. Porque comprender exige saber, y saber implica atreverse a nombrar lo callado. En ese gesto ya hay algo profundamente terapéutico.

Clara escribe el último capítulo y aporta una tierna levedad a la intensidad acumulada en la novela: “No seáis cansinos con la culpa, madre del amor hermoso”. Las situaciones y los personajes literarios, desde la distancia de la ficción, permiten entender mejor los sentimientos, tolerar errores, descubrir caminos, en definitiva, ponerse en el lugar de otros y empatizar con realidades similares propias o ajenas.

En Los incomprendidos, una novela muy recomendable, se hace evidente un hecho cotidiano y decisivo en la adolescencia: el escaso conocimiento de los padres de gran parte del mundo exterior e interior de sus hijos, del mismo modo que los hijos desconocen amplias zonas de la vida de sus padres. Si esto ocurre en el ámbito familiar, los pediatras —y, por extensión, quienes acompañan a adolescentes— debemos ser conscientes de que muchas veces solo manejamos la punta del iceberg de las historias familiares.