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Originales

Conocimiento y actuación de los padres sobre la fiebre

Autores:

García Puga JMa, Callejas Pozo JEb, Castillo Díaz Lc, Hernández Morillas MDd, Garrido Torrecillas FJe, Jiménez Romero Tf, Ortega Páez Eg, Santos Pérez JLh, Expósito Ruiz Mi, Pérez Vicente Sj, Ruiz Extremera Ak

aPediatra. CS Salvador Caballero. Granada. España.
bPediatra. Unidad de Gestión Clínica de La Zubia. Granada. España.
cPeditra. Unidad de Gestión Clínica de La Zubia. Granada. España.
dPeditra. Unidad de Gestión Clínica de La Zubia. Granada. España.
ePeditra. CS de Churriana de la Vega. Granada. España.
fPeditra. Unidad de Gestión Clínica Salvador Caballero. Granada. España.
gPediatra. CS de Maracena. Distrito Metropolitano. Granada. España.
hPeditra. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Virgen de las Nieves. Granada. España.
iTécnica de Apoyo a la Investigación de la Unidad de Investigación del Hospital Virgen de las Nieves. Granada. España.
jTécnica de Apoyo a la Investigación. Unidad de Investigación del Hospital Virgen de las Nieves. Granada. España.
kUnidad de Cuidados Intensivos Neonatales. Hospital Clínico San Cecilio. Granada. España.

Correspondencia: JM García. Correo electrónico: jmgpuga@telefonica.net

Referencia para citar este artículo:

García Puga JM, Callejas Pozo JE, Castillo Díaz L, Hernández Morillas MD, Garrido Torrecillas FJ, Jiménez Romero T y cols. Conocimiento y actuación de los padres sobre la fiebre. Rev Pediatr Aten Primaria. 2011;13:367-79.

Publicado en Internet: 11/10/2011

Resumen:

Objetivos: evaluar los conocimientos y actitudes que tienen los padres sobre la fiebre, así como la influencia de los aspectos familiares.

Material y métodos: cuestionario distribuido a padres de dos áreas asistenciales con hijos de 1-5 años. Para variables cualitativas se aplicaron pruebas de asociación mediante el test X2; para las variables cuantitativas se aplicó la diferencia de medias mediante la t de Student o análisis de la varianza (ANOVA). Se consideró como valor estadísticamente significativo p < 0,05.

Resultados: se analizaron 288 cuestionarios. El 50% de los encuestados tiene dos hijos. Trabaja el 64,5%. En el área urbana son de mayor edad y nivel de estudios (p < 0,001). Un 50,3% considera la fiebre mala, menos los de edad media superior (p < 0,05). El 67,7% utiliza termómetro electrónico. Consideran fiebre una temperatura de 37,7 ºC en axila. Ante la fiebre, el 58,3% utiliza en primer lugar un antitérmico. El 98,2% usa medidas físicas y el 49,3% de ellos piensa que mejoran la fiebre; las usan menos los que trabajan (p < 0,05). Los de estudios superiores quitan ropa y dan líquidos más que los de estudios primarios (p = 0,035). Los antitérmicos más empleados fueron paracetamol e ibuprofeno. Un 64,6% de los encuestados percibe diferencias en cuanto a eficacia. El 85,4% utiliza la dosis indicada por su pediatra y el 21,5%, la que indica la ficha técnica, sobre todo los de estudios superiores frente a los de estudios primarios (p < 0,05). El 67,4% alterna antitérmicos, siempre aconsejados por el pediatra.

Conclusiones: globalmente, en la población estudiada existe un buen conocimiento y una actitud adecuada ante la fiebre.

Palabras clave: Fiebre. Tratamiento. Paracetamol. Ibuprofeno. Encuesta.

Conflicto de Intereses:

Los autores declaran no presentar conflictos de intereses en relación con la preparación y publicación de este artículo.


Antecedentes

La fiebre es un mecanismo que en la mayoría de los casos se pone en marcha frente a una posible agresión, pues el aumento de la temperatura activa el sistema inmunitario; por tanto, es parte importante de la defensa del organismo1. Al tener el mismo mecanismo fisiopatológico para procesos de muy diferentes etiologías, se convierte en un signo totalmente inespecífico, siendo expresión de la ruptura del equilibrio entre los sistemas termogenético y termolítico2.

Para determinar la temperatura corporal se recurre a instrumentos de medida. El termómetro más usado clásicamente ha sido el de mercurio. Desde la prohibición en 2006 por parte de la Unión Europea3 del uso del mercurio en instrumentos clínicos, se han extendido otros tipos. De ellos, el termómetro electrónico de lectura digital es el más implantado por su fiabilidad, rapidez, seguridad y facilidad de lectura.

En relación al lugar de medición de la temperatura, se sabe que el valor de esta varía según dónde se haga. La axila es un lugar accesible aunque de menor exactitud, excepto en menores de un mes4. La cavidad oral es un lugar más exacto, pero poco utilizado en nuestro medio. En el oído (tímpano) la medición es precisa solo si el termómetro está bien colocado y el tímpano no está afectado. El recto se utiliza sobre todo en lactantes, y tiene como ventaja que se correlaciona bien con la temperatura central, aunque necesita de la vigilancia del cuidador y es susceptible de producir lesiones.

El rango de normalidad de la temperatura varía en función del lugar de medida5. En general, los valores considerados normales en el niño varían entre 35,6 y 38,2 ºC. Aunque no existe una definición aceptada universalmente6, se considera que existe fiebre cuando la temperatura corporal excede del percentil 99 (37,7 ºC).

La fiebre es un síntoma frecuente en niños pequeños y constituye el motivo de consulta más reiterado por parte de la población4. En la mayoría de los casos el tiempo de evolución entre el inicio del síntoma fiebre percibido por los padres y la consulta es generalmente muy corto7.

La fiebre, además, es causa de gran preocupación e incertidumbre para padres y profesionales sanitarios. La variabilidad y la diferente expresividad de los cuadros clínicos plantean en muchos casos un reto diagnóstico, sobre todo en los lactantes y niños pequeños, puesto que la apariencia clínica de un niño con una infección banal y una infección potencialmente grave puede ser similar inicialmente8-10. La búsqueda del origen de la fiebre en ocasiones es dificultosa, en algunos casos, por la premura en la asistencia y el corto tiempo de evolución. Distintas circunstancias contribuyen a esta dificultad, como son el desconocimiento, las falsas creencias, el confusionismo, la masificación y la disparidad de su abordaje y tratamiento. Todo ello conduce a una situación denominada “fiebrefobia”11,12, término que habla por sí mismo del “terror” creado en su entorno.

Sobre el conocimiento por parte de los padres de la fiebre, de medidas antitérmicas empleadas y de temores ante la fiebre hay diferentes publicaciones que hacen referencia13-15. Dentro de un trabajo más amplio sobre la actuación y valoración de la fiebre en Atención Primaria, se plantean como objetivos analizar el concepto, los conocimientos y las actitudes que tienen los padres sobre la fiebre y cómo pueden estar influenciados por el trabajo, la profesión así como la procedencia de un medio urbano o metropolitano.

Material y métodos

Se realizó un estudio con diseño transversal en dos áreas asistenciales de Granada: urbana y metropolitana (distritos sanitarios). Participaron seis pediatras de tres centros de salud, uno urbano y dos metropolitanos, que en conjunto atienden a una población de 3403 niñas y 3349 niños menores de 14 años. La población de estudio fueron los padres de niños entre uno y cinco años que acudieron a consulta de Pediatría de los centros participantes durante el periodo mayo-julio de 2009.

Se aplicó un cuestionario de 17 preguntas (tabla 1) que recogía variables laborales, nivel de estudios y cuestiones referidas a creencias, conocimientos, modo de registro y medidas antitérmicas utilizadas.

Tabla 1. Cuestionario para padres y madres

Pese a no haberse realizado una validación completa del cuestionario, pues su objetivo no era crear una herramienta universal, sino útil en nuestro medio, se analizó la validez del contenido mediante la valoración de un grupo de expertos. Asimismo, se realizó una prueba piloto, pasando el cuestionario a un grupo de padres y madres, con el fin de identificar posibles incongruencias en las preguntas, y valorar la comprensibilidad de las mismas.

Cálculo muestral

Para una precisión del 4% en la estimación de una proporción para poblaciones finitas al 95%, asumiendo que la proporción de madres/padres con conocimiento sobre el tema es del 80% y que el tamaño total de la población de madres/padres es de 3350, se necesitaba un mínimo de 250 encuestas, aunque finalmente se analizaron 288.

Se seleccionaron a partir de un muestreo consecutivo, es decir, según iban llegando a la consulta a demanda, independientemente del motivo, si cumplían los criterios y querían participar. Las respuestas del cuestionario fueron consideradas como variables dependientes y las variables independientes parentesco, edad, número de hijos, trabajo, nivel de estudios y área de residencia.

Análisis estadístico de datos

Se realizó un análisis descriptivo de la muestra calculando medias y desviaciones típicas para las variables cuantitativas y frecuencias absolutas y relativas para las cualitativas. Para relacionar variables cualitativas se aplicó el test de la X2 corrigiendo por continuidad en tablas 2x2. Para comparar diferencias entre variables numéricas y cualitativas se aplicó la t de Student o el análisis de la varianza (ANOVA), dependiendo de si la cualitativa tenía dos o más categorías, respectivamente. Se consideró como valor estadísticamente significativo p < 0,05.

El análisis de datos se realizó con el programa estadístico SPSS® 15.0.

Consideraciones éticas

En todos los casos se informó de los objetivos del estudio, obteniéndose el correspondiente consentimiento informado. Tanto este documento como el diseño del estudio contaron con la aceptación de la Comisión de Ética e Investigación Sanitaria de las áreas asistenciales implicadas.

Se ha participado en su concepto y diseño, análisis e interpretación de los datos, escritura y corrección del texto.

Resultados

Se han analizado 288 cuestionarios realizados a 247 madres (85,8%) y 41 padres (14,2%) pertenecientes a seis consultas de Pediatría.

La edad media de los encuestados fue de 36,26 años (desviación estándar [DE]: 6,26), la distribución por grupos de edad se muestra en la tabla 2 y las variables demográficas de las áreas estudiadas en la tabla 3.

Tabla 2. Distribución de encuestados por grupos de edad

Tabla 3. Variables demográficas de las áreas urbana y metropolitana

Las respuestas a las preguntas requeridas en el cuestionario y su frecuencia se describen en tabla 4.

Tabla 4. Respuestas a las preguntas realizadas

Creen que la fiebre no es mala para la salud 133 encuestados (46,2%) frente a los 145 (50,3%) que creen que la fiebre es mala para la salud, de los cuales 15 (10,3%) no dan explicación del porqué (tabla 5), diez no saben si es mala o no (3,5%). La media de edad de los que no la creen mala es significativamente superior a la de los que la creen mala (p < 0,05). Los encuestados que trabajan, tienen más de un hijo y mayor nivel de estudios creen en menor proporción que la fiebre es mala para la salud (p < 0,05), para los otros comparativos (parentesco o área asistencial) no existen diferencias estadísticamente significativas.

Tabla 5. Justificación de por qué la fiebre es “mala”

Para comprobar la fiebre utilizan solo un termómetro 241 (83,7%), dos termómetros 42 (14,6%) y tres termómetros dos (0,7%), y para tomar la temperatura, utilizan solo un lugar 264 (91,7%), dos lugares 19 (6,6%) y tres lugares cuatro (1,4%); no existen diferencias estadísticamente significativas en referencia a las variables estudiadas (parentesco, edad, número de hijos, trabajo, nivel de estudios o área asistencial).

Respecto al tipo o tipos de termómetro utilizados para comprobar la fiebre y la zona o zonas del cuerpo donde ponen el termómetro, no existen diferencias estadísticamente significativas en referencia a las variables estudiadas.

La temperatura media que consideran fiebre es 37,7 ºC tomada en axila, con una desviación típica de 0,43698 (36,5-39,0 ºC) no existen diferencias estadísticamente significativas en referencia a las variables estudiadas. Consideraron fiebre una temperatura menor de 37 ºC cuatro encuestados, y más de 38 ºC, 14 encuestados.

En la actitud inicial que toman tras comprobar la fiebre no existen diferencias significativas en referencia a las variables estudiadas.

Utilizan medidas físicas 280 (98,2%) encuestados y ocho (2,8%) no las utilizan. Dentro de los que utilizan las medidas físicas para bajar la fiebre, 168 (60%) utilizan solo un procedimiento; 92 (32,8%), dos procedimientos; 19 (6,8%), tres procedimientos, y un encuestado (1,1%), cuatro procedimientos. Como medidas físicas para bajar la fiebre, los encuestados que trabajan utilizan menos el baño o la ducha de agua tibia que los que no trabajan (p < 0,05); los que tienen estudios superiores quitan ropa y dan líquidos en más proporción que los de estudios primarios (p = 0,035). En cuanto al empleo del resto de medidas físicas, no existen diferencias significativas según parentesco, edad, número de hijos, nivel de estudios o área asistencial.

En la percepción sobre si hay o no mejoría de la fiebre con el uso de las medidas físicas, no existen diferencias significativas en referencia a las variables estudiadas.

Conocen los cuatro antitérmicos 129 de los encuestados (44,8%); dos, 90 (31,3%); tres, 53 (18,4%), y uno, 16 (5,6%). Es mayor el conocimiento del ácido acetilsalicílico entre los licenciados y diplomados que entre quienes han estudiado formación profesional y los graduados escolares (p = 0,012); en cuanto al resto de fármacos, no hay diferencias estadísticamente significativas en referencia a las variables estudiadas.

Usan dos antitérmicos 184 de los encuestados (63,9%); solo uno, 97 (33,7%), y tres antitérmicos, siete de los encuestados (2,4%). En cuanto a la utilización de fármacos, no existen diferencias significativas en referencia a las variables estudiadas. Tampoco se encuentran diferencias con respecto a la mejoría con un antitérmico más que con otro, ni en cuanto a cuál es el que mejora más.

Utilizan solo una fuente de consejo para tratar la fiebre 266 de los encuestados (92,4%), y dos fuentes, 22 (7,6%). Los licenciados utilizan como fuente más el prospecto y los graduados escolares menos (p < 0,008). Los licenciados y diplomados utilizan menos la dosis que dice el pediatra que los graduados escolares (p = 0,0023), no existen diferencias significativas en referencia al resto de las variables estudiadas. Usan una forma galénica 267 de los encuestados (92,7%), y dos formas, 20 (6,9%). No existen diferencias significativas en la fórmula galénica para administrar la medicación antitérmica en referencia a las variables estudiadas.

Los que contestan que emplean o no la combinación o alternancia de antitérmicos y, en su caso, quién se lo indica se encuentran recogidos en la tabla 6, sin que existan diferencias estadísticamente significativas.

Tabla 6. Quién indica la alternancia o no de antitérmicos (N/%)

El consejo por parte del pediatra es más seguido en área urbana que en área metropolitana (p < 0,05).

Discusión

Coincidiendo con la serie de Ybarra13, los encuestados son en su mayoría madres, porque habitualmente son las que acompañan a los niños a la consulta y, aunque es significativo el mayor número, no creemos que la variable parentesco sea una variable de confusión (la que modifica la respuesta de variables dependientes). Ante preguntas tan objetivas no parece que la respuesta tenga que depender del parentesco. Otros interlocutores, como abuelos, tíos, cuidadores, etc., se han excluido, pues no los hemos considerado responsables directos del niño.

En las características demográficas encontramos que la edad media de los padres es menor en el área metropolitana (zona de expansión, lugar de segunda residencia y de establecimiento probablemente de los más jóvenes) y es mayor en el área urbana, quizás con mayor poder adquisitivo y nivel de estudios, lo que dificulta tener hijos a una edad más joven. Por otro lado, hay una preferencia actual a ser padres con mayor edad. El grupo más numeroso es el de 31-40 años. La paridad sigue la tendencia actual (1,2 hijos). El 85,2% tiene menos de dos hijos13, y la situación laboral, con baja tasa de paro, es similar en ambas áreas.

En nuestra serie, un elevado porcentaje considera la fiebre "mala" para la salud, hecho que concuerda con el estudio de Carabaño14. En este grupo de opinión, predominan los más jóvenes y que no trabajan, con menor nivel estudios13 y probablemente menos experimentados. Al analizar las respuestas se refieren a que la fiebre más que ser “mala” es “reactiva”. Hay un grupo que la considera así por “las convulsiones febriles”. Este matiz es minoritario respecto a otras publicaciones (Ybarra13, Rodríguez17). Solo un encuestado habla de “peligro de muerte si es alta”.

La actitud y conocimiento ante la fiebre es muy homogénea entre los encuestados. En cuanto a la comprobación de la temperatura con la utilización del termómetro, el tipo electrónico (digital) ha ido ganando espacio a costa del de mercurio, siendo el lugar de la toma mayoritariamente la axila13,16,17. La temperatura media axilar a la que consideran fiebre es 37,7 ºC, aceptable en términos de conocimiento, lo que parece sugerir que existe una influencia similar en ambas áreas.

Cuando comprueban que hay fiebre, el 58,3% administra antitérmicos (un 40% no utiliza de entrada antitérmico) y un 34,7% emplea medidas físicas. Aunque solo un 49,3% piensa que las medidas físicas mejoran la fiebre, eso no impide que casi la totalidad las usen14,18, a pesar de ser tan controvertidas y de poca evidencia19. El baño y la ducha son los más empleados por parte de los que trabajan, mientras que desabrigan y dan líquido los que tienen estudios superiores13. A diferencia de otras encuestas, la utilización de friegas con alcohol se puede considerar erradicada en la población estudiada13,14.

Una gran mayoría de padres conoce los antitérmicos más empleados, ibuprofeno y paracetamol. Aquí también ha cambiado la tendencia, y de utilizarse usualmente el paracetamol13 se le ha unido el ibuprofeno, pasando a ser los dos mayoritarios y casi exclusivos14,16,18. El ácido acetilsalicílico es conocido por los de nivel de estudios más elevado, pero su empleo es anecdótico, sin diferencias entre quienes piensan que el ibuprofeno mejora más la fiebre que cualquier otro. Sí hay diferencias a la hora de decantarse por la eficacia de un antitérmico, y lo hacen a favor del ibuprofeno14,18,20.

Una gran mayoría sigue las indicaciones del pediatra (85,4%) en cuanto a dosificación y frecuencia, frente a la recomendación del prospecto, aunque los de nivel elevado de estudios usan más el prospecto que el resto.

Como forma galénica, utilizan jarabes o gotas16,17, que quizás al tratarse de menores de cinco años sea lo idóneo, utilizan poco los supositorios u otras formulaciones.

La alternancia de antitérmicos la emplea, a veces, un elevado número14,18 y fue recomendada por el pediatra mayoritariamente, ello a pesar de lo controvertido de su utilización21-23. De igual modo, el que contesta que nunca alterna, lo hace recomendado por el pediatra.

El consejo del pediatra es seguido más en el área urbana que en el área metropolitana. Esto podría estar ligado al nivel de estudios, hecho que favorece mayor confianza y más capacidad de decisión.

Como conclusiones, este trabajo permite conocer y tener una información de las áreas estudiadas, y comparar las diferencias con respecto a otras publicaciones de otras zonas del país y en otros periodos de tiempo. El concepto de fiebre, su medida y las habilidades de los padres para atender a sus hijos es bastante homogéneo en nuestro medio y podría indicar una adecuada educación sanitaria. Este conocimiento y estas actitudes no parecen estar influidos por el nivel cultural ni por el medio donde viven, aunque en el medio urbano se sigue más las indicaciones del pediatra, posiblemente en relación al nivel de estudios. Aún quedan lagunas por resolver, como por qué siguen considerando la fiebre mala para la salud y si la alternancia de antitérmicos tiene soporte científico.

Agradecimientos

A Katrina Kekic, por su revisión del texto en inglés. A los padres que amablemente han respondido al cuestionario.

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